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CONFERENCIA 30 OCTUBRE

sábado, 6 de junio de 2020

HOJA NÚMERO 253

PARROQUIA DE CRISTO REY
Hoja Parroquial nº253
Del 7 al 14 de junio de 2020



PARA DIOS TODOS SOMOS IGUALES


El presidente de los obispos de EE. UU., José H. Gómez, es tajante: «El asesinato de George Floyd fue sin sentido y brutal, un pecado que clama al cielo por justicia». Subraya en un comunicado que la muerte del ciudadano «afroamericano», a manos de la Policía de Mineápolis el pasado 25 de mayo, constituye una nueva muestra de la «humillación y desigualdad» que todavía hoy padecen muchos «por su raza y por su color de piel». Son normales las protestas en la calle y es necesario mostrar el rechazo a toda discriminación, pero son muy preocupantes los cada vez más duros enfrentamientos. «La violencia es autodestructiva y contraproducente. […] Las protestas legítimas no deben ser explotadas por personas con distintos valores y agendas», asevera el también arzobispo de Los Ángeles. Como cristianos sabemos que todo ser humano ha sido creado a imagen de Dios y que, por ello, no cabe mirar a nadie por encima del hombro. Hemos de mirarnos de igual a igual y quizá entonces también nos demos cuenta de que siempre es más lo que nos une. Siempre.


CREO, REZO, CONFÍO, ESPERO
Silos. 20:00 horas. Me conmueven las lágrimas de Jesús. Me emociona su tristeza profunda. Tan real. Jesús llora ante la tumba de Lázaro. Su amigo. Llora como tantos han llorado estas semanas la pérdida de sus seres queridos. Tampoco Él estaba cuando murió Lázaro. Tampoco se pudo despedir de él. Le duele el adiós. Le duele su amor por él. Y llora.
Quiero detenerme ante el sufrimiento del hombre, como hace Jesús. Detenerme para llorar con el que llora. No quiero permanecer indiferente ante el dolor de los demás. Quiero acercarme con respeto infinito a las lágrimas que veo. Sostenerlas con mi silencio. Abrazarlas. Y callar. Porque cada lágrima expresa sentimientos para los que sobran las palabras.
Muchas vidas han quedado inconclusas. Hay voces que no volveremos a escuchar. Rostros que no volveremos a acariciar. Sonrisas que nunca más contemplaremos. Pienso en el dolor de sus familias. Algunas tan cercanas. Y un desgarro me parte el alma. Y lloro. Sufro cuando lloro. Amo cuando lloro. Se me escapa el alma en cada lágrima.
Recuerdo con nostalgia a los que ya no caminan conmigo. A cada uno. Su paso amable por mi vida. Su sonrisa. Sus palabras. Sus abrazos. Rostros que siguen impresos en mi alma. Vidas que siguen siendo la tierra sagrada donde hundo mis raíces. Están. Siguen. A veces sangro porque no pude mirarlos a los ojos para despedirme. Ojalá les hubiese podido abrazar más fuerte la última vez que nos vimos. Ojalá hubiese podido decirles lo mucho que los quiero. Ojalá hubiese podido darles las gracias. Ojalá hubiese podido pedirles perdón.
Y lloro. Pero sé que mis lágrimas riegan una tierra nueva que se abre al misterio de la Resurrección. Sé que la ausencia se ha transformado en un silencio habitado con su presencia. Una presencia real que llena todos mis vacíos. Sé que están. Sé que me escuchan. Sé que me cuidan. Sé que me esperan. Sé que me sueñan allí en el cielo. Sé que me abrazan aquí en la tierra. Mi corazón tiembla por perder lo más amado. Y lloro. Pero creo. Rezo. Confío. Espero.

El Vaticano pide reducir el desperdicio y cambiar la dieta.
El secretario adjunto del Dicasterio para el Desarrollo Humano e Integral, Augusto Zampini, advirtió hace unos días en una en una rueda de prensa organizada por el Vaticano para analizar las consecuencias sociales y económicas del COVID-19, que la pandemia está agravando la crisis alimentaria en el mundo: «Nos enfrentamos a un grave problema en la seguridad alimentaria. La crisis alimentaria provoca hambre, el hambre afecta a las personas más pobres y aumenta la inseguridad alimentaria. La inseguridad alimentaria conducirá a la violencia y a más conflictos, lo que a su vez causará más pobreza». Su opinión está avalada por las cifras del Programa Mundial de Alimentos (PMA) que calculó en un informe publicado el pasado 20 de mayo que otros diez millones de niños más en todo el mundo podrían enfrentarse este año a desnutrición aguda como resultado de la pandemia de COVID-19. Según la agencia de la ONU, los confinamientos y la restricción de movimientos están provocando en algunos casos una subida de precios que hace que para los más vulnerables sea difícil disfrutar de una dieta nutritiva. La receta del Vaticano para revertir el hambre pasa por reducir el desperdicio de comida, cambiar la dieta para consumir solo productos de temporada y que los gobiernos destinen el presupuesto armamentístico a reflotar el sector alimentario.


CON MARÍA EN EL
CORAZÓN DE LA IGLESIA


Este domingo 7 de junio se cambian las
tornas y toca a los fieles rezar «por quienes oran por nosotros: las personas consagradas contemplativas», explican desde la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada. Se trata de la Jornada Pro Orantibus, en la que «estamos invitados, como un momento singular cada año, a un continuo empeño de conocer mejor y estimar más» esta vocación tan particular, asegura el presidente de la comisión de la CEE, Luis Ángel de las Heras, en entrevista con Alfa y Omega. La vida consagrada contemplativa es necesaria para la Iglesia «porque custodia sin descanso una dimensión imprescindible» para la renovación de todos los cristianos: la contemplación, explica el también obispo de Mondoñedo-Ferrol. De esta forma, «merece la pena estar cerca de las personas consagradas contemplativas, tratar con ellas. Pasar algún momento o tiempo en sus monasterios, nos ayuda a vivir con más hondura, gozo y compromiso la vocación cristiana». No obstante, la jornada de este año llega marcada por el distanciamiento social impuesto por el Gobierno para evitar los últimos coletazos del COVID-19. Esto no ha evitado, sin embargo, que las religiosas y los religiosos de España se hayan seguido interesando por lo que ocurre más allá de los muros conventuales. Al contrario, «los cerca de 9.000 miembros de la vida consagrada contemplativa en España han vivido con honda preocupación la difícil situación en nuestro país y en el mundo entero» y «han intensificado la oración, contribuyendo a esa corriente de esperanza, serenidad y consuelo en medio de una tragedia que ha afectado a muchos con sus nombres concretos», subraya De las Heras. 
Los que se quedan fuera.

Según Cáritas, la mitad de las personas que se encuentran en pobreza severa no van a poder acceder al ingreso mínimo vital. Muchos de ellos son migrantes en situación administrativa irregular. Son los vulnerables entre los vulnerables. En esa situación están Chiara Medina y Juan Arroyo, peruanos, que llevan cinco meses en España. Se vinieron nada más casarse y ella está ahora embarazada. Esperan su turno en la parroquia del padre Gonzalo, que les dice con cariño que al pequeño que viene en camino «no le va a faltar nada». Son solicitantes de asilo y han pasado un calvario estos meses. Con el dinero que traían alquilaron una habitación... hasta que se les acabó. Entonces tuvieron que dormir en albergues y parroquias. Ahora comparten un piso con varias familias gracias a la ayuda de unos compatriotas. En una situación parecida se encuentran Jeremías Pichía y Olivia Sánchez, ambos guatemaltecos. Llevan dos años y medio en nuestro país, tiempo en el que nació su hijo. «Sobrevivimos por las ayudas que nos da la parroquia. No teníamos ni una patata para comer», explica Jeremías. Escaparon de Guatemala por la violencia. Era insostenible. Y aún así se han planteado volver, pero constatan que no les dejarían entrar. Mientras cuenta que a su hijo no le ha faltado de nada y que siendo tan pequeño no se entera de la situación, reconoce que anímicamente lo están pasando «muy mal».


SANTÍSIMA TRINIDAD, MISTERIO DE AMOR




El pasaje que hemos escuchado está tomado del Libro del es sorprendente que la revelación del amor de Dios tenga lugar después de un gravísimo pecado del pueblo. Recién concluido el pacto de alianza en el monte Sinaí, el pueblo ya falta a la fidelidad. La ausencia de Moisés se prolonga y el pueblo dice: «¿Dónde está ese Moisés? ¿Dónde está su Dios?», y pide a Aarón que le haga un dios que sea visible, accesible, manipulable, al alcance del hombre, en vez de este misterioso Dios invisible, lejano. Aarón consiente, y prepara un becerro de oro. Al bajar del Sinaí, Moisés ve lo que ha sucedido y rompe las tablas de la alianza, que ya está rota, dos piedras sobre las que estaban escritas las «Diez Palabras», el contenido concreto del pacto con Dios. Todo parece perdido, la amistad ya rota inmediatamente, desde el inicio. Sin embargo, no obstante este gravísimo pecado del pueblo, Dios, por intercesión de Moisés, decide perdonar e invita a Moisés a volver a subir al monte para recibir de nuevo los diez Mandamientos y renovar el pacto.
Este es el rostro de Dios. Esta auto-definición de Dios manifiesta su amor misericordioso: un amor que vence al pecado, lo cubre, lo elimina. Y podemos estar siempre seguros de esta bondad que no nos abandona. No puede hacernos revelación más clara. Nosotros tenemos un Dios que renuncia a destruir al pecador y que quiere manifestar su amor de una manera aún más profunda y sorprendente precisamente ante el pecador para ofrecer siempre la posibilidad de la conversión y del perdón.
El Evangelio completa esta revelación, que escuchamos en la primera lectura, porque indica hasta qué punto Dios ha mostrado su misericordia. El evangelista san Juan refiere esta expresión de Jesús: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (3, 16).Muestra que ama al mundo, y envía lo más valioso que tiene: su Hijo unigénito. Y no sólo lo envía, sino que lo dona al mundo. Y es en la cruz donde el Hijo de Dios nos obtiene la participación en la vida eterna, que se nos comunica con el don del Espíritu Santo.


AVISOS
-EL DOMINGO 14 DE JUNIO
CELEBRAREMOS LA SOLEMNIDAD
DEL SANTÍSIMO CUERPO
Y SANGRE DE CRISTO.



¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!,
la Iglesia nos sumerge en tu misterio;
te confesamos y te bendecimos,
Señor, Dios nuestro.

Como un río en el mar de tu grandeza,
el tiempo desemboca en hoy eterno,
lo pequeño se anega en lo infinito,
Señor, Dios nuestro.

Oh Palabra del Padre, te escuchamos:
Oh Padre, mira el rostro de tu Verbo;
Oh Espíritu de Amor, ven a nosotros;
Señor Dios nuestro.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!
Haced de nuestras almas vuestro cielo,
llevadnos al hogar donde tú habitas,
Señor, Dios nuestro.

sábado, 30 de mayo de 2020

HOJA NÚMERO 252

PENTECOSTÉS HOY

Pentecostés es el inicio de la misión de la Iglesia. Es la fiesta de la unión, de la comunión humana. Una mirada a nuestro mundo: las distancias geográficas han desaparecido, la comprensión y comunión entre las personas a menudo es superficial. El diálogo entre las generaciones cada vez más frio y complicado. Parece que el ser humano se vuelve más agresivo. Uno vive más centrado en su yo que hacia fuera para encontrarse con los demás.
En el primer libro del Antiguo Testamento hay una historia que nos habla de Babel. Babel nos narra una historia donde hay división, los hombres alcanzaron tanto poder que pensaban que no necesitaban a Dios y que podían llegar al cielo, abrir sus puertas y ocupar el lugar de Dios. Mientras construían la torre se dieron cuenta de que estaban construyendo unos contra otros. Mientras intentaban ser como Dios, corrían el peligro de perder algo fundamental en el ser humano: la capacidad de ponerse de acuerdo y de entenderse para actuar juntos. Hoy con el progreso de la ciencia y la técnica hemos alcanzado tanto poder, que orar a Dios parece algo superado, inútil, porque creemos que nosotros podemos construir y realizar todo lo que queramos. No sé si somos conscientes de que estamos reviviendo la misma historia de Babel. ¿No vemos que entre los hombres hay desconfianza, sospechas, temor, hasta llegar a ser peligrosos los unos para los otros? ¿Hay algún camino que nos lleve a la unidad, a la concordia? La Sagrada Escritura nos dice que sólo puede existir la unidad con el don del Espíritu de Dios, que nos puede dar un corazón nuevo y una lengua nueva, una capacidad nueva para comunicarnos. Eso es lo que sucedió en Pentecostés. Cuando el Espíritu Santo bajó sobre los discípulos reunidos, el miedo desapareció, sus corazones sintieron una fuerza nueva. En Pentecostés, donde había división, falta de comunicación, nació la unidad y la comprensión. Caminemos según el Espíritu y no según la carne (Ga 5,16 )

LA FE NOS AYUDA A AFRONTAR LAS SITUACIONES DIFÍCILES
«Con demasiada frecuencia confundimos la seguridad con el dinero, con un trabajo, con un certificado de estudios... Todos elementos de gran importancia, pero que tienen que ver con lo exterior. Te entrenas para correr tras ellos, pero hay circunstancias que no controlas. Y sucede que de repente todo cambia y aparece la tragedia...». Esta es la introducción de M. P., que necesita hablar y que alguien la escuche. Y esta es su historia:
«Apareció el coronavirus y todos debíamos protegernos para no contagiarnos y frenar la expansión. Teníamos que quedarnos en casa, como nos pedían, y lavarnos las manos con frecuencia y bien. Pero me asaltaron todos los temores: mis hijos podían caer enfermos, no concluirían su ciclo formativo, en el que habían puesto tanto empeño, podría perder el empleo. Desde las primeras semanas de confinamiento tratamos de adaptarnos a la nueva situación en casa, algo nada fácil, pues nuestro trabajo en hostelería y cuidados personales no se podía trasladar al hogar, así que aprendimos a utilizar los elementos de protección.
A esta situación se sumó otro drama pues, bruscamente, se quebró la salud de mi madre, la abuela que se había quedado en su tierra. La pandemia invadía también su país y, si bien lo suyo no era COVID-19, precisaba de urgencia una intervención quirúrgica y había que buscar una clínica privada, pues los hospitales estaban colapsados con la pandemia. Había que reunir dinero para la operación; hicimos piña y pudimos lograrlo.
La operación no fue un éxito y la enviaron a casa con la medicación y la indicación de que si tenía complicaciones tendría que ir a un hospital. Aparecieron las complicaciones y mi madre se murió en el camino, mientras buscaban sin conseguirlo un centro hospitalario donde poder ingresarla. La crueldad del desenlace, la pérdida, la imposibilidad de acercamiento, esta distancia enorme y forzada, agravan y llenan de fantasmas nuestra desolación. El reto sigue siendo recuperar ese sentimiento y esa fe que ayudan a afrontar las situaciones difíciles».

MÁS ALLÁ DE LA X

«La Iglesia no es una empresa ni un negocio. Lo que tiene, lo da. Necesitamos tener la posibilidad de repartir mucho en favor de los que más lo necesitan». Así lo subrayó el vicesecretario de Asuntos Económicos de la CEE el lunes en una rueda de prensa virtual para presentar la parte económica de la última Memoria de Actividades de la Iglesia. A pesar del récord de 285,2 millones de euros asignados a través de la casilla de la Iglesia en la campaña de la Renta 2019, correspondiente al ejercicio 2018, Fernando Giménez Barriocanal explicó que este dinero solo supone una cuarta parte de los fondos que reciben las diócesis para desarrollar sus numerosas actividades y advirtió de que vienen «momentos complicados» por la situación del país y por la merma de donativos en este tiempo de pandemia. Es cierto que sumando X en la declaración del IRPF de este año, como destaca XTantos, logramos un mundo mejor. Pero, como miembros de la Iglesia, los fieles somos corresponsables de su misión… ¿No deberíamos ir más allá de la X?

TRES PAPAS UNIDOS EN LA MISERICORDIA

En el centenario del nacimiento de san Juan Pablo II –el 18 de mayo–, Francisco presidió este lunes la Misa en la capilla de la basílica de San Pedro donde se encuentra la tumba del Papa polaco. El actual Pontífice señaló en su homilía tres rasgos que caracterizaron a su predecesor: la oración, la cercanía al pueblo y el amor por la justicia. «San Juan Pablo II fue un hombre de Dios porque hacía mucho tiempo de oración. Sabía que la primera tarea del obispo era rezar». Asimismo, «fue un hombre cercano a la gente. La cercanía es uno de los rasgos de Dios». «Un pastor está cerca de la gente, de lo contrario es solo un administrador». Finalmente, aseguró Francisco, el Papa Wojtyla fue también «un hombre que quería justicia: justicia social, justicia del pueblo, la justicia que alejas las guerras». «Y para ello hablaba de la misericordia, porque no hay justicia sin misericordia». La misericordia también es la clave sobre la que pivota la carta que el Papa emérito Benedicto XVI ha escrito al arzobispo emérito de Cracovia y exsecretario de Wojtyla, Stanislaw Dziwisz. En la misiva ofrece algunos recuerdos personales del Pontífice, como su humildad, y reflexiona sobre la Divina Misericordia como centro de su pontificado. «El poder y la bondad de Dios se han hecho visibles a todos nosotros en Juan Pablo II», asegura Ratzinger.


ENFRENTARSE AL MONSTRUO

De acuerdo con un informe de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía –recogido por El País y El Periódico–, las descargas de pornografía infantil han aumentado un 25 % en España durante el confinamiento. Si del 17 al 24 de marzo hubo unas 17.000, la semana siguiente subieron a 21.200 y no han bajado desde entonces. Estos datos confirman que «el monstruo del abuso infantil en la red sigue creciendo de manera exponencial», como denunció hace unos meses en estas páginas Ernesto Caffo, presidente del Telefono Azzurro italiano. El también miembro de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores lanzaba este recordatorio al calor de un encuentro de grandes empresas tecnológicas en el Vaticano para trabajar contra la proliferación de abusos infantiles en internet. El Papa les pidió entonces que no miraran para otro lado. Poco después, Doctrina de la Fe incorporó a sus delitos más graves la posesión de pornografía de cualquier menor de 18 años. Porque no queda otra que sumar esfuerzos para enfrentarse a este monstruo. Por nuestros niños. Por todos.


EN TUS MANOS ESTÁ

Dos actitudes se nos ofrecen ante los nuevos tiempos que se presentan. Generosidad o egoísmo. De nosotros depende. En una plaza actuaba un prestidigitador. Con el propósito de dejarle en evidencia se le acercó una persona con un gorrión encerrado en el puño, y le preguntó si estaba vivo o muerto. Decidió que si la respuesta era que vivo, apretaría la mano hasta asfixiarlo, y si dijera que muerto se lo mostraría vivo. Pero el adivino contestó que la respuesta estaba en sus manos. Lo mismo se puede decir de nuestra vida a partir de ahora: será como deseemos que sea, con las decisiones que tomemos. La moraleja de la fábula nos muestra que la respuesta al mal está en nuestras manos. Depende de cada uno.

Padre mío,
me abandono a Ti.
Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco,
estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo.
Con tal que Tu voluntad se haga en mí
y en todas tus criaturas,
no deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en Tus manos.
Te la doy, Dios mío,
con todo el amor de mi corazón,
porque te amo,
y porque para mí amarte es darme,
entregarme en Tus manos sin medida,
con infinita confianza,
porque Tu eres mi Padre.
Amén.
San Carlos de Foucauld


AVISOS

-El lunes celebraremos la fiesta de la Bienaventurada Virgen María.
-El jueves 4 de junio, es la Jornada de la Oración por la vida. Desde la concepción hasta la muerte.
Rezaremos a las 19h. Rezo del Santo Rosario. Y posteriormente a las 19:30 Eucaristía.

-EL JUEVES CELEBRAREMOS LA FIESTA DE JESUSCRISTO, SUMO Y ETERNO SACERDOTE.
-EL DOMINGO CELEBRAREMOS LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

sábado, 23 de mayo de 2020

NUEVO PENTECOSTÉS

HOJA PARROQUIAL Nº 251

"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8). El autor sagrado dice que "fue elevado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos" (Hch 1, 9). Es el misterio de la Ascensión, que hoy celebramos solemnemente. Pero ¿qué nos quieren comunicar la Biblia y la liturgia diciendo que Jesús "fue elevado"? El sentido de esta expresión no se comprende a partir de un solo texto, ni siquiera de un solo libro del Nuevo Testamento, sino en la escucha atenta de toda la Sagrada Escritura. En efecto, el uso del verbo "elevar" tiene su origen en el Antiguo Testamento, y se refiere a la toma de posesión de la realeza. Por tanto, la Ascensión de Cristo significa, en primer lugar, la toma de posesión del Hijo del hombre crucificado y resucitado de la realeza de Dios sobre el mundo.
En el Cristo elevado al cielo el ser humano ha entrado de modo inaudito y nuevo en la intimidad de Dios; el hombre encuentra, ya para siempre, espacio en Dios. El "cielo", la palabra cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad, Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. El estar el hombre en Dios es el cielo. Y nosotros nos acercamos al cielo, más aún, entramos en el cielo en la medida en que nos acercamos a Jesús y entramos en comunión con él. Por tanto, la solemnidad de la Ascensión nos invita a una comunión profunda con Jesús muerto y resucitado, invisiblemente presente en la vida de cada uno de nosotros.
Desde esta perspectiva comprendemos por qué el evangelista san Lucas afirma que, después de la Ascensión, los discípulos volvieron a Jerusalén "con gran gozo" (Lc 24, 52). La causa de su gozo radica en que lo que había acontecido no había sido en realidad una separación, una ausencia permanente del Señor; más aún, en ese momento tenían la certeza de que el Crucificado-Resucitado estaba vivo, y en él se habían abierto para siempre a la humanidad las puertas de Dios, las puertas de la vida eterna.

Benedicto XVI Solemnidad de la Ascensión


GRACIAS

Silos. Mayo de 2020. Quizá te sorprendas, pero quiero darte las gracias. Gracias por seguir caminando en medio de tanta oscuridad. Gracias por esperar el amanecer. Gracias por tus lágrimas que hacen caminos surcando tu rostro y que tanto te enseñan. Por tu sonrisa que hace brotar la vida en medio del desierto, que devuelve la esperanza, tan necesaria estos días. Gracias por seguir soñando para que los demás sueñen. Gracias por compartir tus silencios y llenarlos de palabras. Gracias por sostener a los que están cerca y acompañar a los que están lejos. Con una palabra. Con tu voz. Con Su voz.
Gracias por escuchar a los que lo han necesitado. Y a los que todavía lo necesitan. Por tu paciencia en conversaciones que no tienen fin. Gracias por cargar con el peso de la cruz de muchos. Por evitar que caigan. Por compartir su miedo. Por abrazar su dolor. Gracias por no cansarte. Gracias por no quejarte aunque tengas motivos. Por permanecer en pie, aunque sientas que no hay terreno firme bajo tus pies.
Gracias por cada gesto de generosidad. Gracias por tus mensajes tan esperanzadores. Gracias por querer hacer un poco más felices a los demás. Gracias por esos pequeños sacrificios por amor. Gracias por tus aplausos. Los de fuera. Y los del corazón. Esos que nadie ha escuchado, pero que todos hemos sentido. Gracias por ser prudente, porque estás ayudando a salvar vidas.
Gracias por gritarle a Dios cada día, a pesar de tus nudos en la garganta. Gracias por abrir ventanas al cielo con cada oración. Gracias por no olvidarte de tantos que sufren. Por decir su nombre en voz alta para que Dios lo escuche. Gracias por agarrarte de Su mano, porque así has agarrado a todos. Gracias por hacer de tu casa una Iglesia doméstica. Gracias por ser púlpito de Jesucristo. Gracias por ser misionero aunque tu vida se reduzca a unos pocos metros cuadrados. Gracias por seguir buscándole para que otros lo encuentren. Gracias por tu vida oculta que señala el camino al buen Dios. Gracias porque, en esta desescalada que comenzamos, sigues enseñándome cómo escalar hacia el cielo.





TOBOGÁN A LA MUERTE


Parece que el 55 % de españoles es partidario de impulsar la ley de la eutanasia, frente al 29 % que está en contra. Entre estos, supongo que se encuentran quienes, como yo, han visto morir en soledad a su padre en una residencia, sin cuidados específicos contra el coronavirus. Pensarán lo mismo personas de la tercera edad que no se sienten culpables de vivir y temen que la letra de esta ley sirva para matarlas, y amargarles antes la vida. Posiblemente quienes son partidarios de una ley de la eutanasia desconocen la experiencia de Holanda, Bélgica o Austria, al desarrollarla como un tobogán a la muerte.


MEDIDAS DE SEGURIDAD


Para que la vuelta a la Eucaristía se produzca con total seguridad, la Conferencia Episcopal y las diócesis han preparado una serie de recomendaciones. Medidas, muchas de ellas, que se derivan de las recomendaciones de las autoridades sanitarias y que han sido recogidas, muchas de ellas, en la orden ministerial que regula la fase 1 del proceso de desescalada. Con alguna novedad, pues el texto publicado en el BOE pide que se determine el aforo máximo y recomienda que se limite la duración de las celebraciones.

Estas son las principales pautas que afectan a los fieles:

- Desinfección de manos a la entrada y salida.
- Mantener la distancia de seguridad.
- Uso de mascarillas.
- Sin contacto en la paz.
- Colecta a la salida.


«Decía que tuvo padres santos»
Solo once días antes del centenario del nacimiento de san Juan Pablo II, la archidiócesis de Cracovia abrió solemnemente la causa de canonización de sus padres, Karol y Emilia Wojtyla. La elección como postulador de Slawomir Oder, que ya llevó el proceso del Papa santo, muestra la íntima conexión entre la santidad del hijo y la fama de santidad de los padres. «Siendo su secretario le oí decir muchas veces que tuvo padres santos», subrayó el cardenal Dziwisz durante la ceremonia en la que se tomó juramento a los miembros de la comisión diocesana. Dado que Emilia falleció cuando su hijo Karol tenía solo 9 años, el Pontífice recordaba sobre todo a su padre, «con quien no tenía solo una relación filial sino una verdadera amistad espiritual». Con todo, el también arzobispo emérito de Cracovia subrayó que Juan Pablo II no cesaba de mostrar «cariño por su madre de diversas maneras y en distintas ocasiones. Siempre tenía pequeños retratos de ellos en su mesa de trabajo, hasta el final. Volvía a esa experiencia del hogar cuando hablaba de la importancia de los padres en nuestras vidas, citando ejemplos de padres santos que educaron bien a sus hijos, como los de santa Teresa de Lisieux». Por ello, se mostró «profundamente convencido de que serán un ejemplo para las familias modernas y patronos de nuestras familias».


"Cuando un A-Dios se vislumbra...


El 21 de mayo de 1996, siete monjes de la comunidad del monasterio de Tibhirine fueron asesinados: Christian (el que escribe lo que luego se ha considerado como el Testamento de aquella comunidad), Christophe, Luc, Paul, Michel, Celestin y Bruno.


TESTAMENTO del P.Christian Chergé, prior del monasterio de Tibhirine (Argelia) Abierto el domingo de Pentecostés, 25 de mayo de 1996 


Si me sucediera un día --y ese día podría ser hoy-- ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento a todos los extranjeros que viven en Argelia, yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.

Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.

Que recen por mí. ¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?

Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas y abandonadas en la indiferencia del anonimato.

Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos. En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.

He vivido bastante como para saberme cómplice del mal que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo, inclusive del que podría golpearme ciegamente.

Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez que me permita pedir el perdón de Dios y el de mis hermanos los hombres, y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.

Yo no podría desear una muerte semejante. Me parece importante proclamarlo.

En efecto, no veo cómo podría alegrarme que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato.

Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la "gracia del martirio" debérsela a un argelino, quienquiera que sea, sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam.

Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente. Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.

Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas.

Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma.

Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido, encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia, precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.

Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:

"¡qué diga ahora lo que piensa de esto!" Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad. Entonces podré, si Dios así lo quiere, hundir mi mirada en la del Padre para contemplar con El a Sus hijos del Islam tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo, frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu, cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias. 

Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos, doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente para este GOZO, contra y a pesar de todo.

En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida, yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy, y a vosotros, amigos de aquí, junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos, 

¡el céntuplo concedido, como fue prometido!

Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías. Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este "A-DIOS" en cuyo rostro te contemplo.

Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.

¡AMEN! IN SHALLAH!

Argel, 1 de diciembre de 1993

Tibhirine, 1 de enero de 1994 

Christian.+

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